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Eterno nómada



La noticia que dio pie al documentalSíguanos en facebook Premiere en Cartagena

A LA ESPERA DEL SEGUNDO FUNERAL

En febrero de 1989, el poeta y cineasta francés Claude Herviant falleció en un accidente en La Guajira, Colombia, mientras filmaba la que sería su última película, Kantus: el viaje final. Sus familiares decidieron cumplir su voluntad expresa, de enterrarlo donde lo sorprendiera la muerte.

Así, Herviant quedó sepultado en el pequeño cementerio indígena de Cucurumana. Veinte años después, los líderes de esa ranchería comienzan a exigirle a la familia en Francia que se haga presente, puesto que es urgente realizar la ceremonia del Segundo Funeral, que consiste en exhumar los restos hueso a hueso y llevarlos a un osario, un ritual que demora ocho días en medio de un gran festín de comidas y bebidas autóctonas.

Argumentan los indígenas que Herviant se aparece en las noches y que muchos animales han muerto, como consecuencia del prolongado entierro.

Pero para los familiares, en un país tan lejano como Francia, y con una manera muy diferente de concebir la muerte, semejante prueba no es nada fácil.

Proyecto ganador de la convocatoria 2009 del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico.

HERVIANT: NÓMADA DE CORAZÓN

Desde muy joven Claude Herviant se interesó por culturas diferentes a la suya propia, en especial por los pueblos transhumantes del mundo, lo que lo llevó a crear la serie de televisión Crónicas Nómadas. Directores como Werner Herzog y Jacques Doillon lo acompañaron en este original proyecto, que retrató la vida de los nómadas en 5 continentes. Herviant siempre lo dijo: “Hay un nómada en mi alma”

 

 

 

ASÍ REALIZAMOS ETERNO NÓMADA

 

Por Ernesto McCausland Sojo, director y guionista.

En pleno Festival de Cine de Cartagena de 2007, en el lobby del Hotel Caribe, el reconocido director y amigo personal Pacho Norden me abordó y me dijo:

—Tengo algo para tí.

Procedió a contarme entonces la historia del poeta y realizador francés Claude Herviant, quien había muerto en La Guajira en febrero de 1989, mientras rodaba una serie sobre los pueblos nómadas del mundo.

Como director del proyecto, y compañero inseparable de Herviant durante el rodaje, Norden había presenciado el accidente y se encontraba al lado del francés horas más tarde, cuando se produjo su deceso en el Hospital Nuestra Señora de los Remedios de Riohacha. Los familiares habían viajado desde Francia para el funeral, el cual terminó siendo la primera escena de la película que se estaba filmando, Kantus, el viaje final. Claude Herviant quedó sepultado para siempre en la pequeña ranchería indígena de Cucurumana. Era el primer hombre de raza blanca que recibía autorización para ser sepultado en un cementerio wayuu, todo como consecuencia de la entrañable amistad que había entablado con los jefes de la ranchería.

Pero lo especial de la historia no era eso. Norden me contó que en ese 2007, dieciocho años después, una filóloga española acababa de visitar la tumba de Herviant. La filóloga había sostenido un romance con Herviant en sus años mozos y había atravesado el Océano para llevarle una flor y leerle un poema ante la tumba. Durante su visita, la dama fue abordada por miembros de la ranchería, quienes le expresaron una gran preocupación que venían arrastrando.

Según ellos, Herviant ya llevaba más de diez años sepultado y era hora de practicarle la ceremonia del Segundo Funeral, un ritual sagrado para los wayuu. El ataúd debe ser sacado a la vista de todos durante la madrugada y una mujer de la familia, en ayuno sexual de tres meses, debe sacar los restos hueso a hueso, y pasarlos a un osario, donde reposarán para siempre.

Los wayuu le dijeron a la visitante que, por no haberse realizado esa ceremonia, se estaban presentando calamidades en el territorio, sequía, muerte de animales e incluso el deceso de una niña.

La filóloga regresó entonces a Europa con el encargo de contactar a los familiares directos de Herviant y plantearles las necesidad de apersonarse de la ceremonia, la cual demoraba una semana, e incluía un festín de chivo, reses asadas y abundante licor, tanto el autóctono ron chirrinche, como whisky Old Parr. Parientes de los difuntos que estaban en ese cementerio, además de los múltiples amigos que Claude había cultivado en La Guajira, debían ser invitados. Además, los franceses tenían que seleccionar a una dama de la familia para que entrara en ayuno sexual y se encargara de sacar los huesos.

Lo cierto es que la ceremonia resultaba muy costosa, y que además no era muy consecuente con la idiosincrasia en Francia, donde la exhumación es un procedimiento privado y discreto, al que ni siquiera asisten los familiares.

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Cuando Pacho me contó la historia, y por pura casualidad, yo acaba de realizar un documental sobre un Segundo Funeral colectivo, (casi siempre lo son), que acababa de realizarse en Guarero, Guajira venezolana. Conocía perfectamente la tradición y de inmediato intuí que aquello no era en nada consecuente con el pensamiento de un pueblo primermundista, como el francés.

Y en efecto, no fue fácil. Mientras la filóloga hizo infructuosos esfuerzos por persuadirlos, el investigador guajiro Wildler Guerra le había enviado varios correos electrónicos a Manuel Herviant, el hijo de Claude, pero no había recibido respuesta. La gestión quedó congelada por varios meses.

En medio de aquel panorama, aquella historia fabulosa que planteaba un esquema entre dos mundos tan diferentes, me lancé a “cocinar” la idea del documental. Con el equipo de profesionales de mi casa productora, La esquina del cine, lo presenté a la Convocatoria del Fondo Mixto para el Desarrollo Cinematográfico, el organismo colombiano que financia proyectos mediante rigurosos concursos.

Tuvimos la suerte de ganar y emprendimos el trabajo. Desde el principio supimos que jamás los parientes franceses se iban a interesar en aquella descabellada misión de atravesar el océano, aportar una fuerte suma de dinero y someterse a la tarea de sacar los restos de esa manera, ante los ojos de miles de invitados, para ellos aborígenes desconocidos. Para empezar no eran ricos y con toda seguridad todo aquello los asustaba. Decidimos entonces que el documental debía recaudar suficientes fondos no sólo para financiar el funeral, —por lo menos cuarenta chivos, dos reses, 20 cajas de Old Parrr y cinco tanques de chirrinche— sino que además debía persuadir a los europeos y sufragar su desplazamiento. No hablar de los costos de producción, que incluían el viaje de un equipo de producción a Francia, España y Bélgica, donde estaba regados familiares y amigos íntimos de Herviant. Además del dinero del Premio, recaudamos patrocinios con algunas de las empresas públicas y privadas que destinan fondos a proyectos culturales y nos lanzamos en aquella loca aventura.

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Viajamos a Europa y —tras grandes dificultades— fuimos visitándolos uno a uno. El primero de ellos, Jean Michelle Herviant, hermano de Herviant, nos dio una respuesta desalentadora:

—Para mí, el muerto está muerto.

Ante nuestros ojos, fue configurándose como una realidad la fabulosa historia de la vida de Herviant, un poeta totalmente desprendido del mundo material, que había emprendido su serie de películas, Croniques Nomades, en medio de grandes dificultades, aunque ya había logrado realizar capítulos en la India, en Nigeria, en Noger y en el Mar de China, entre otros. Uno de esos capítulos había sido dirigido por el gran realizador alemán Werner Herzog, realización fílmica sobre los Wodaabe del Sahara que hoy es considerada una de sus raras joyas.

El resto está en la película. Puedo adelantar no obstante que en Francia contamos con mucha suerte, pues las puertas se nos fueron abriendo cuando menos pensábamos que lo harían. Incluso, logramos allegar mucha documentación, incluyendo las páginas manuscritas del diario que Claude había escrito de su puño y letra en medio de las vicisitudes de su aventura guajira. Pero nadie nos confirmó, a nuestro regreso a Colombia, que vendría al funeral. Ya aquí, emprendimos varios viajes a La Guajira, donde por fortuna encontramos testigos de todo lo ocurrido. La historia estaba reconstruida, ¿pero quién vendría para el Segundo Funeral?

(ernesto.mcc@gmail.com)

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AFICHE OFICIAL, DISEÑO DE HERNÁN GAMARRA

Eterno Nómada

 

 

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ANÁLISIS DEL CRÍTICO ORLANDO MORA

El reconocido crítico de cine colombiano Orlando Mora efectuó el siguiente análisis sobre la película Eterno nómada:

Claude Herviant es un poeta y cineasta francés fallecido en La Guajira en el mes de febrero de 1989. En ese momento se encontraba en pleno rodaje de la película: Kantus, el viaje final. Un percance en una de las llantas del carro en que viajaba produjo el accidente y Herviant no consiguió recuperarse en medio de una atención médica poco eficiente. El proyecto en que se encontraba en ese momento formaba parte de una seria de obras que filmaba acerca de poblaciones nómadas.

El francés había llegado a la Guajira por vez primera en 1986, trabó amistad con indígenas de la etnia Wayuu y desde entonces su corazón se quedó prendido a esa tierra. La relación que tenía con la comunidad y la voluntad manifestada de querer ser enterrado donde lo sorprendiera la muerte explican que Herviant fuera el único blanco en el cementerio indígena de Cucurumana.

El cineasta Ernesto McCausland se acerca a la figura de Herviant con su instinto de gran periodista y se dedica a indagar en las diferentes visiones que tiene el hecho de que los nativos quieran que se realice la exhumación de los restos y que se cumpla con la correspondiente ceremonia fúnebre con todas las ritualidades propias de su cultura.

Para llevar a cabo su proyecto el director debió efectuar entrevistas en Francia, Bélgica y España, a más de lo registrado en la Guajira. El resultado es una obra que no se agota en el hecho escueto de la necesidad de la exhumación, sino que a partir de allí traza un cuadro amplio que muestra las diferentes miradas sobre el fenómeno de la muerte y sobre lo que ella significa para las personas, dependiendo de su formación y sus principios.

Hay en Eterno nómada la concentración propia de los grandes reportajes, algo muy en consonancia con la formación y la vocación profesional de McCausland. La utilización del recurso de las entrevistas es afortunada, con la brevedad y la sequedad suficientes para que no ocupen el protagonismo que corresponde a la imagen, algo que en ningún momento olvida el director. La belleza de los paisajes de la Guajira aparece acá en toda su magnitud, sin llegar en ningún momento a convertirse en registros de simple tarjeta postal. Es la vida la que aparece en este documental, la vida y ese otro lado de ella que es la muerte, vista con el ojo perceptivo y un poco fascinado de la cámara.

Orlando Mora

 

Raul

 

 

COMENTARIO DE LA ESCRITORA ALBA PÉREZ DEL RIO

La escritora y periodista colombiana Alba Pérez del Rio, radicada en Madrid, hizo el siguiente comentario sobre la película Eterno nómada:

De espléndida filmografía y gran ingenio narrativo, es el resultado de dos grandes pasiones. Las que Ernesto siente por el cine y por la Costa Caribe de Colombia, que él lleva años descubriéndonos incluso a los que nacimos allí. Valiéndose de ese maravilloso ojo de escudriñador que posee, Ernesto vuelve a encontrar el perfecto hilo conductor que le permite mostrarnos los rituales mortuorios de los guajiros wayúu y la particular relación que mantienen con sus muertos, a través de la llamativa historia de un poeta y documentalista francés que encabezó su última película con su propio entierro, teniendo que someterse a un segundo para evitar grandes calamidades a aquellos que, generosamente, le habían permitido reposar en su camposanto, a pesar de no haber sido uno de los suyos.

 

NOTA DE LA REVISTA SEMANA

Semana

 

 

CRÉDITOS ETERNO NÓMADA

 

DIRECTOR

Ernesto McCausland

 

PRODUCTORA GENERAL

Ana Milena Londoño

 

PRODUCTOR EJECUTIVO

Carlos Augusto Londoño

 

POST PRODUCCIÓN Y SONIDO

Yamil Julián Cure

 

DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA

Juan José Londoño

 

CÁMARA 2

Alejandro Buchheim

 

COORDINADOR TÉCNICO

Alejandro Rosales

 

GRAFICACIÓN

Ramiro Escalante

 

VOZ CLAUDE HERVIANT

Pascal Casanova

 

ARTES GRÁFICAS

Copyequis

 

MÚSICA

Tomás Betín

 

NARRACIÓN EN ESPAÑOL

Carlos Montoya

 

PRODUCCIÓN DE CAMPO

Harold Ospina

 

AFICHE

Hernán Gamarra

 

AnaBarcelona