Por Ernesto McCausland Sojo
Valledupar está conmocionada. La tristeza y el estupor andan por la calle tomados de la mano, con el mismo ímpetu y la misma determinación con que en otros tiempos deambulan los acordeones y el jolgorio general.
En la terraza de su casa del barrio Novalito, el exContralor Aníbal Martínez Zuleta se sienta solitario en una mecedora. Viste de blanco, con la mirada fija en los árboles, como si en aquellas hojas, temblorosas ante el viento, fuera a hallar la respuesta a su zozobra interior.
Aquel hombre que en otros tiempos encabezó las mejores parrandas del valle y sus comarcas está sintiendo los golpes de la vida. Perdió a todos sus hijos varones en diferentes accidentes y el secuestro de su hija adorada, María Cleofe, puso a prueba sus nervios durante siete largos meses.
Y ahora lo de Consuelo, su gran amiga de una época, su archienemiga de los últimos tiempos, la misma que le impuso el remoquete despectivo de “Doctor Merengue” y con quien libró interminables batallas en los escenarios públicos.
Martínez Zuleta sabe que el ojo morboso de la gente lo observa con detenimiento. ¿Acaso se alegra?
“Jamás”, responde Martínez Zuleta. “No estoy llorando porque ya no tengo lágrimas. Pero estoy estremecido por dentro”.
Dice que en las últimas horas, desde que conoció la noticia de la muerte de Consuelo, aquella historia de amistad y enemistad ha vuelto a rodar por su mente, junto con el recuerdo de los hijos muertos, las alegrías y la tristezas, las parrandas y los insultos, los abrazos y el rencor.
En una época fueron grandes amigos. Consuelo se había casado con el ganadero Hernando Molina Céspedes, compañero de colegio de Martínez Zuleta. Lo había hecho en circunstancias peculiares, cuando a Molina Céspedes los médicos acababan de desahuciarlo por el llamado tifo negro.
Aseguran en Valledupar que Consuelo dijo: “Voy a lo que venga” y se casó con Molina Céspedes en el lecho de enfermo. De la mano de ella, que lo atendió con dedicación y esmero, Molina salió adelante. Martínez Zuleta recuerda las grandes parrandas vallenatas en casa de Hernando y Consuelo. Pero lo que menos olvida fue que cuando murió Raúl, su primer hijo, ella le tendió la mano. “Me jaló para su casa y me dio la medicina de su nombre: Consuelo”.
Luego la vida los condujo a un auténtico tinglado: Martínez Zuleta fue elegido Contralor General de la Nación. Consuelo, entre tanto, había comenzado a escribir su “Carta Vallenata” en el diario “El Espectador”. Refiriéndose siempre a él como “Doctor Merengue”, Consuelo formuló fuertes y repetidas denuncias de irregularidades administrativas en la Contraloría. Ambos se denunciaron mutuamente. La Corte Suprema de Justicia terminó condenándolos a ambos; a Martínez Zuleta por delitos contra la administración pública; a Consuelo por injuria y calumnia. ¿Considera Martínez que hubo empate entre ellos?
“De ninguna manera”, responde Martínez Zuleta. “Lo que hubo fue un intercambio de dardos”.
Luego, en septiembre de 1992, la guerrilla secuestró a María Cleofe, la hija mayor de Martínez Zuleta. El secuestro desató una movilización de medios. Locutores, cantantes, políticos y el público en general acudían a la Voz del Cañaguate a enviarle mensajes a la popular “Coco” Martínez. Consuelo Araujo fue una de las voces más activas a favor de la pronta liberación de “La Coco”.
“Después de todo lo que había pasado”, cuenta Martínez Zuleta, “ella terminó apoyándome a la hija”.
Pero ni aún así hubo reconciliación, hasta el punto de que en Valledupar todo el mundo está convencido de que Consuelo se marchó con ese rencor en el corazón. Pero Martínez Zuleta relata ahora una historia que nadie conoce. Hace un par de años, durante una misa en honor del patriarca liberal Miguel Pineda Bastidas, los dos se encontraron en el momento en que el cura le pedía a la concurrencia que se diera la paz. Se miraron una fracción de segundo y ninguno de los dos retrocedió. Sin mediar palabra, en un acto fugaz pero cargado de sentimientos, se chocaron las manos y se dieron la paz.
“Su muerte la estoy sintiendo como la de mis hijos”, dice ahora Martínez Zuleta.
El elogio póstumo más contundente que se escuchó la semana pasada hacia Consuelo Araujo Noguera salió de la boca de su gran enemigo en la vida, el exContralor Martínez Zuleta, quien hizo notar, con la voz queda y apagada: “Una autodidacta que llegó a ser Ministra de Cultura”.
Consuelo Araujonoguera estudió hasta segundo bachillerato, en 1953. Ese año su hermana Chavita murió accidentalmente, luego de que a un policía se le disparara un revólver. Le tocó entonces a ella salir a trabajar para ayudar a sus hermanos y se volvió obsesiva con la lectura. Cuando quiso regresar al colegio se dio cuenta de que sabía más que los profesores.
II. ALFREDO
Alfredo Gutiérrez, el más grande acordeonero colombiano, está ya cerca de cumplir sesenta años, pero anda en plan juvenil, con gafas de vidrios azules, promocionando un nuevo disco en el que interpreta vallenatos románticos.
Su enemistad con Consuelo Araújonoguera es tan vieja como el mismo Festival de la Leyenda Vallenata, que ella fundó en 1968. Dice Alfredo que en esos tiempos, cuando llegó a Valledupar, Consuelo le pidió que le tocara algunas parrandas. “Yo tocaba por el día y por la noche ponían a las grandes orquestas”, cuenta Alfredo. El llamado “Rebelde del Acodeón”, que precisamente acababa de hacerse acreedor a su remoquete, se quejó ante Consuelo por la agenda de las parrandas. “Estoy cansado de tocarle a los borrachos”, dice Alfredo que dijo. La Cacica le respondió entonces que no tocara más.
Jimmy Pérez Parodi, el eterno animador del Festival Vallenato y el más grande conocedor de la historia del evento, asegura que le enemistad surgió luego de que Consuelo cuestionara el estilo de Gutiérrez, quien desde los mismos setentas había comenzado a innovar en el vallenato. En el segundo festival, el de 1969, Gutiérrez fue eliminado en las preliminares, lo que desembocó en unas ampulosas declaraciones de Gutiérrez contra Consuelo. A lo largo del conflicto, Gutiérrez llegó a decir que Consuelo estaba enamorada de él, lo que motivó una indignada reacción por parte de aquella, quien en una ocasión dijo que los varones de su familia iban a tomar cartas en el asunto contra Alfredo.
Cuando concursaba en el Festival de 1986, durante la interpretación del aire de paseo, Alfredo Gutiérrez le dedicó a Consuelo Araujo estos versos de la canción “La Muchachita”, de Alejandro Durán:
“Yo la tengo dominada,
¿a quién?
A esa linda muchachita...”
Consuelo se levantó furiosa de su silla moviendo el dedo índice de un lado para el otro, gritando a voz en cuello que Gutiérrez quedaba eliminado porque el Festival prohibía menciones expresas a los directivos del evento.
Pero lo cierto es que, ya para ese año, Alfredo Gutiérrez contaba con un apasionado respaldo popular y resultó imposible eliminarlo, lo cual le dejó el camino allanado para que en ese 1986 se alzara con su tercera corona, imponiendo un récord jamás igualado.
Ni aún en las circunstancias de la muerte de Consuelo, Alfredo ha acallado sus apuntes mordaces. Cuando le preguntan qué era lo que más admiraba de “La Cacica”, dice: “Que hacía lo que se proponía. Era capaz hasta de imponer a un rey vallenato”. También dijo que estaba muy agradecido con Consuelo. “Hace poco alguien le preguntó quién era el más grande y ella respondió: ‘se puede discutir quién es el mejor cantante, pero no hay duda de que el mejor acordeonero es Alfredo’”.
Ahora “El Rebelde” anda sosteniendo una versión de la que nadie puede dar fe. Hace dos años, durante un Festival, se le acercó a Consuelo y ésta le estrechó la mano. “No lo hizo muy gustosa”, dice. “Pero tampoco me la rechazó”.
III. GNECCO
El exGobernador del Cesar Lucas Gnecco Cerchar fue el último gran enemigo de Consuelo Araujonoguera. Ambos aspiraron a la Gobernación del Cesar en 1997. La campaña resultó caldeada. Consuelo llegó a tildar de “burro” a su adversario, que finalmente la derrotó por amplio margen.
La derrota constituyó un golpe fuerte para Consuelo, quien denunció fraudes y aseguró que jamás volvería a incursionar en la política. Durante su gestión como Gobernador, Gnecco llegó a montarle competencia al Festival Vallenato. Aunque el evento paralelo jamás afectó el Festival de Consuelo, lo cierto es que de allí surgió una de las grandes decepciones para “La Cacica”: en 1999, el patriarca del folclor Emiliano Zuleta Baquero le rechazó un homenaje a Consuelo para aceptárselo al Festival del Gobernador.
Hoy, ya culminado su mandato, Gnecco paga detención preventiva por el delito de constreñimiento electoral, luego de una denuncia gestada por Consuelo.
Es el único de los tres grandes enemigos de “La Cacica” que se ha negado a opinar sobre su muerte. Lo llamamos varias veces a su lugar de reclusión, en el Batallón “La Popa” de Valledupar, y en sus casas de Valledupar y Bogotá, pero no quiso pasar al teléfono.
La enemistad con Gnecco tuvo su pequeño engendro. Durante aquella enconada contienda electoral, el cantante Diomedes Díaz anunció que se retiraría temporalmente de la música para apoyar a Gnecco de pueblo en pueblo. Eso resintió a Consuelo, quien prodigaba hacia Diomedes Díaz especial cariño y admiración.
Pero al año siguiente, la vida daría su vuelco. Diomedes Díaz cayó en desgracia, luego del asesinato de Doris Adriana Niño. ¿Y quién usó todas sus influencias para darle apoyo al cantante? ¿Quién logró que Diomedes le dieran casa por cárcel en Valledupar? ¿Quién se le atravesó a un grupo de agentes de la Fiscalía que acudió a Valledupar con la orden de trasladar a Diomedes Díaz a Bogotá?
Fue Consuelo, a la que el cantante posteriormente rendiría un homenaje de gratitud al compararla en una canción con la histórica Concepción Loperena.
Una fuente allegada a Diomedes Díaz nos contó que éste se encuentra destrozado. El lunes primero de octubre, tras conocer la noticia de su muerte, debió tomar pastillas para los nervios y no ha parado de llorar.
IV. EL MINISTERIO
Consuelo Araujonoguera pudo cultivar todo un jardín de enemistades cuando fue nombrada Ministra de Cultura, el 11 de julio del 2000. Quizá la Consuelo de veinte o treinta años atrás no hubiera soportado que le dijeran todo lo que le dijeron con su nombramiento. Pero era evidente que ella había reducido su capacidad de rencor. Optó por referirse con humor a los que llamaba “intelectuales puros” y se dedicó a trabajar más bien en silencio, sin labrarse rencillas con nadie.
¿Le habían ablandado los años el corazón a la aguerrida “Cacica”? Hay múltiples opiniones al respecto, pero ella lo resumió muy bien cuando dijo, dos meses y medio antes de su muerte: “Hoy por hoy lo único que cargo en esta mochila es amor”.