Por Ernesto McCausland Sojo
Culminó la edición número 40 del Festival de la Leyenda Vallenata, y sin objeción. Cada uno de los resultados revela una gran historia: por primera vez una mujer es reina de algo en el evento, luego de que la niña Yeimy Arrieta arrollara con la categoría infantil, constituyéndose no sólo en un inmenso hito, sino seguramente en el punto de partida para que una dama algún día sea reina profesional, y desvirtuando aquella sentencia machista de que “la mujer no tiene fuerza pa’l acordeón”; se cumplió póstumamente el sueño de Consuelo Araújonoguera de que uno de sus hijos o nietos fuera Rey Vallenato, luego de que Rodolfo Miguel Molina Meza se alzara con la corona de Rey Juvenil, también inobjetablemente, interpretando de una manera brillante el acordeón y sin que se diera el obvio cuestionamiento de un supuesto tráfico de influencias; en Aficionado ganó el guajiro Omar Hernández Brochero, el despistado ex-Rey de la misma categoría que se inscribió convencido de que iba en pos de una supuesta corona de Rey de Reyes Aficionado; el Rey de Reyes, Hugo Carlos Granados, fue también bien recibido, demostrando el competencia su disciplina, su talento, su modestia y su espíritu de sacrificio, teniendo en cuenta que aún sufre las consecuencias de un aterrador accidente que estuvo a punto de costarle la vida; y en la categoría de Canción Inédita… ésta merece capítulo aparte.
Al ganar con la canción “Entre cantores”, hermosa evocación de una noche musical entre auténticos amigos, Santander Durán Escalona se reafirma como el más grande compositor de su generación, el genio que le ha descifrado las fórmulas secretas a la alquimia del vallenato, que ha logrado una deslumbrante simbiosis entre la propuesta romántica y la narrativa, que ha llevado sus letras al límite de la perfección lírica y gramatical, el mismo que ya había ganado el festival en tres ocasiones anteriores.
Lo ganó la primera vez con “Lamento arhuaco”, cuya segunda estrofa dice:
“Fueron guerreros de raza valiente
que derrotada ante el invasor
huyó del valle donde la muerte
iba a caballo conquistador”
Aunque fue compuesta a principio de los setenta, la canción no pierde vigencia, y más en un medio como el vallenato, que ha desatendido su esencia raizal de serranía y río de piedras para convertirse en el adefesio que escuchamos en las emisoras. “Lamento arhuaco” asume la voz de nuestro hermano mayor, el despojo histórico de que ha sido víctima hace siglos por el invasor español y hoy día por ciertos terratenientes de la región.
Luego, en 1987, Durán Escalona gana con “La canción del valor”:
“Invoco a los espíritus del viento
de la guerra, de la paz y del amor
a la sombra de los antepasados
y a la poesía futura de un cantor
para que cante la gesta de mi pueblo,
cuando no exista ni el eco de mi voz,
y hayan pasado los siglos,
y la historia no sea contada por el conquistador”
Durán Escalona demuestra aquí una vez más su oficio en la filigrana de componer un buen vallenato. También con voz indigenista, cuenta del sacrificio de los tupes, asumiéndolo con un manifiesto valiente y desafiante, enmarcándolo en una melodía exuberante, cargada de emociones.
En su tercera victoria Durán Escalona sorprende con un son, “Cantares de vaquería”, un relato de la epopeya del ganado, cuando salían los vaqueros a atrapar a los cimarrones por los territorios del Magdalena grande.
“Salimos de madrugá!
Salimos de madrugá!
para cruzar los esteros,
con el sol de los venaos
porque dicen que de noche se aparece en el sendero
el toro de cachos de oro y de los ojos coloraos”
Un par de días antes de que se conociera el resultado del concurso “Rey de reyes” de la canción inédita, el enviado especial de este diario, Juan Carlos Díaz, publicaba un interesante artículo sobre la desaparición del vallenato protesta, género del cual Durán Escalona es un insigne exponente, no sólo por las canciones mencionadas, sino por “La bananeras” y muchas otras. Allí decía Durán Escalona que no volvía a entregar una canción a un grupo vallenato.
Es de entender. No sólo hay indiferencia hacia sus canciones, sino que se graban de la manera ligera con que se interpreta el vallenato de hoy día.
Aun así, sorprende que los cantantes se quejen de falta de buenas composiciones y terminen grabando verdaderos esperpentos. Menciono como ejemplo especial el tema “Lleno de sentimiento”, que incorpora el teléfono celular a la lírica vallenata. “Buscas un motivo en el celular para discutirme sin ton ni son”, canta Ivan Villazón, quien entre otras cosas protagonizó el hecho más bochornoso del festival, al presentarse en la tarima del club Valledupar en avanzado estado de alicoramiento, algo que sorprende en un artista que hasta ahora se había caracterizado por su responsabilidad y seriedad.
Y así, mientras hay compositores cantándole al celular, Santander Durán Escalona continúa su propio camino, que no es otro que el de la salvación del vallenato: su letra constituye un progreso dentro de la propuesta inicial de los viejos juglares, y al mismo tiempo está dotada de un rigor lingüístico que jamás traiciona los postulados de la raigambre del género.
Canciones como “No vuelvo a Patillal” y “Río Badillo” surgieron del festival. En esos tiempos, cantantes como Jorge Oñate se peleaban las canciones. Hoy cunde la indiferencia, que no es sólo hacia el más grande de todos, autor de “Ausencia” y “Cerro Murillo”, sino hacia la esencia del verdadero folclor. Por eso desde aquí les lanzo el reto a Oñate, a Zuleta, a los más jóvenes, los talentosísimos Manjarrez y Dangond, e inclusive al mismo Villazón, ojalá en estado de sobriedad: ¿quién es lo suficientemente valiente para grabar esta canción?
-ooo-
Quiero destacar el servicio que está prestando en la Costa Caribe la aerolínea “Aires”. Sus vuelos son oportunos, cómodos y dotados de excelente servicio, además de que los itinerarios son excelentes para lo que se denomina “vuelos ejecutivos”.
(ernesto@laesquinadelcine.com)