Por Ernesto McCausland
El éxito es caprichoso. No repara en edad y ni siquiera nos otorga la posibilidad de crear una constante sobre sus orígenes. Decir rotundamente que el esfuerzo conduce al éxito puede ser demostrable como una falacia. Miles de esfuerzos perdidos lo sustentan así. Podría uno quizá afirmar que el esfuerzo genera más posibilidades de éxito, pero no lo asegura. Prefiero parafrasear al poeta Raúl Gómez Jattin: “El éxito es un almacén paisa”.
Kaleth Morales saboreó el éxito muy joven, apenas con 21 años de edad. Pero aún así, el esfuerzo fue enorme. El tema que lo disparó hacia su fama precoz resultó todo un parto en sus orígenes.
Un tema alegre como ese, “Vivo en el limbo”, no es quizá la fórmula ideal para las disqueras de hoy día, las cuales parecen dispuestas a ahogarse en el mar de lágrimas del canto llorón. Quieren llanto estas disqueras. De alegría más bien poco.
El tema, entonces, fue rechazado. No voy a decir por quién, aunque ganas no me faltan. Lo cierto es que el mismo Kaleth y sus amigos financiaron la producción, y de qué manera.
“Vivo en el limbo” se grabó contando cada segundo de estudio. No había tiempo para grabar los instrumentos por separado, y Kaleth optó por ejecutarlo con todos los músicos presentes…¡a la manera de Bovea y sus vallenatos hace medio siglo!
Me cuentan que todo el que iba llegando al estudio terminaba involucrado en la grabación original, haciendo coros y animaciones en vivo.
Así, tocando puertas acá y allá, ese volcán creativo que era Kaleth logró imponer su canción.
“Vivo en el limbo” es sin duda el tema del año en Colombia, una evidencia feliz de los caprichos del éxito, donde muchos llevan años reventándose el cuero con discos que van a parar a las cestas de basura de las emisoras.
Dirán los puristas, con mucha vehemencia, que “Limbo” de lejos es una traición a todos los postulados del vallenato. Pero el maestro Escalona, quien es el purismo vallenato por antonomasia, ya le dio su bendición, cuando lamentó la muerte de esta joven figura, explicando que las fusiones son aceptables.
Lo que más lamentamos en el vallenato contemporáneo no es que sea fusión. Por más que García Márquez haya dicho que Carlos Vives asesinó el vallenato, no hay duda de que el samario ha construido buenas fusiones. El pecado mortal, más bien, es la autocompasión bobalicona de ciertos cantos que contaminan el aire por estos días. Esas fusiones son matrimonios con el marido equivocado; un marido miserablista y misógino.
“Vivo en el limbo” tiene su origen en el suceso cotidiano. Kaleth Morales vivía con su tía Evelsy Morales, la famosa “tía universal”, apodada así porque todos los amigos la llamaban tía.
La novia de turno llamaba a Kaleth y la tía le decía que estaba bebiendo. Eso enfurecía a la novia.
Cuando escuchó la canción por primera vez la novia se puso furiosa y por ahí derecho se acabó el romance, que terminaría siendo fugaz en la vida del artista.
No así la relación con Ivón Armenta, la novia de la adolescencia. Se conocieron en una corte de 15 años de la cual ambos formaron parte. Estaban apenas en grado 11. Luego vino la separación. De esa unión queda una niña, Katrina Lieth, de 5 años.
Hoy, en Valledupar, la pequeña está al tanto de todo lo que ha ocurrido. Su papá, dice con su voz inocente, está en el cielo.
El cuerpo de Kaleth recorrió la comarca costeña, por la misma ruta donde halló la muerte, consecuencia de esta atávica desatención del gobierno central hacia la Costa Caribe: una carretera que es una verdadera trampa mortal, con su curva del diablo mal señalizada.
Deberían dejar de pavimentar tantas vías en Antioquia y Córdoba, y más bien atender carreteras patéticas como la de los Montes de María y ésta, Plato-Bosconia, donde Kaleth se fue a los 21 años.