En efecto Correa De Andreis murió suplicando por su vida, con un tiro en la cabeza y otro en la mano. Y murió de cara al sol, tal como lo retrata la estremecedora obra de arte, la cual es imposible ver sin conmoverse, aun sin necesidad de saber la historia que la antecede.
A los pocos días sucedió un hecho que revela lo que para el artista significaba su obra. Estando ésta recién pintada, García la llevaba en su vehículo y el lienzo voló arrastrado por la brisa.
Cuenta García que la tela dio tres vueltas en el aire y cayó en medio de la carretera, donde un chofer de bus debió efectuar una audaz maniobra para esquivarla. Agradecido, García se subió al bus, le besó los pies al conductor y le dijo: “Usted no sabe lo que acaba de salvar”.