24 horas como bombero
niquelada y amarró a los bomberos para cubrir un atraco en una de las fábricas de la zona; o la madrugada en que un anciano decrépito rompió el silencio con un tango a pleno pulmón y los bomberos, ellos tan generosos, le adjudicaron el remoquete de 'Gardel' y también le permitieron quedarse a vivir allí para siempre.
Hete ahí, inquieto 'Medio polvo', negro como la noche en que llegaste, al pie de los cinco hombres trasnochados que se aglutinan alrededor de un televisor a la espera de la acción que en cualquier parada del segundero puede irrumpir, en esa vida de doble ritmo que es la del bombero: horas y horas mirando lejos para luego tener que salvar a un alma en apuros en cuestión de segundos; hete ahí, chandoso azabache, indiferente ante una película de la televisión abierta, que luego dará paso a un DVD pirata que bien puede ser de Van Damme, o quizá del completo arsenal de cine porno que uno de tus amos ha llevado esa noche, o tal vez esa película que te hace gruñir y que a ellos tanto les gusta ver: En la línea de fuego, Backdraft, bomberos gringos rubios y musculosos, con resplandecientes uniformes y adminículos de última generación, perros entrenados y elegantes, no como tú, 'Medio polvo', en esa estación cavernosa de colchones deshilachados, duchas goteantes, inodoros incompletos, claraboyas que dejan pasar la luz sepia del poste exterior, instalaciones eléctricas con los cables pelados, rodeada además de un bosquecillo sombrío donde pulula el forajido y pasan lánguidos los caballos flacos robados con rumbo al matadero clandestino de la calle diecisiete.
Tú, 'Medio polvo', lo más parecido a un perro bombero en este desvencijado sistema provinciano y que recibiste tu flamante nombre porque en una de esas noches monótonas a un bombero se le ocurrió la idea de trocarte por una revolcada en los colchones ripiados y pelados.
Sólo que aquella mujerzuela no te quiso aceptar por pago. "¿Y yo qué voy a hacer con ese perro?", dijo altanera.