2) La crónica debe ir al caso, a la anécdota, al suceso concreto. Si un entrevistado se define como "cascarrabias", es preciso preguntarle de inmediato: "¿Qué tan cascarrabias?".
Así surge la anécdota: "Imagínese que una vez en un restaurante me dio tanta rabia porque se estaba demorando la comida, que casi me ahogo con un vaso de agua y debieron llevarme al hospital". Los buenos cronistas no adjetivan la esencia de sus relatos, sino que los sustentan y le permiten así al oyente encontrar el adjetivo. Por ejemplo, en vez de decir: "Ese tipo es generoso", es mejor decir: "Le dio cien mil dólares a los perros de la calle". El oyente sacará sus conclusiones. Por eso es preciso que las entrevistas busquen y encuentren esa anécdota.
3) El entrevistador debe mantener siempre un estado mental que le permita pensar. De esa manera no omite preguntar lo obvio, o lo que va surgiendo de cada respuesta. Pensar parece fácil, pero muchos periodistas, especialmente jóvenes, actúan mecánicamente y se limitan a desarrollar un cuestionario.
Hay temas que el entrevistado revela desprevenidamente y éstos terminan siendo el núcleo de la entrevista. Si esos temas surgen de soslayo en una entrevista, es preciso ampliar sobre ellos. Por ejemplo, un entrevistado dice: "Cuando yo era niño, comíamos carne, pollo, rata y pescado."
Si el entrevistador no está alerta, lo más seguro es que se la pase lo de rata, y entonces omitirá una subsiguiente pregunta para ampliar el tema. ("¿Cómo así que comían rata? Cuénteme".)
4) Es preciso que el entrevistador controle la entrevista. Muchos entrevistados hablan demasiado y es preciso limitarlos. Eso se logra cuando el entrevistador impone su ley y conduce la entrevista hacia donde la quiere conducir. Ahora bien, tampoco debe el entrevistador cortar con brusquedad al entrevistado, hasta el punto de coartar la armonía de la entrevista. Tampoco debe desestimar o ignorar giros sorpresivos que surjan en un determinado tema.